La ley de costos y precios justos y la transición revolucionaria

Fecha de publicación: 11/01/2012

Integración Universitaria

Por: Guillermo Altamar

Sabemos que Venezuela atraviesa por un proceso de transición, subvirtiendo una realidad capitalista cuya lógica explotadora, fragmentadora, especuladora y embaucadora nos atrapa en un laberinto en el que pareciera encontrarnos cada segundo más cerca de nuestro fin como especie, pero buscando constantemente mediante la lucha cotidiana, una realidad en la que los explotados se encuentren con la ideología revolucionaria que los emancipe haciendo para si el poder y la hegemonía , dando pasos progresivos hacia una nueva sociedad sin clases y por ende sin el estado. Evidentemente  que los saltos o la transición de una realidad a otra no se logra de manera lineal, por la suma de acontecimientos en tiempo y espacio, o por el azar del destino, estas albergan un cúmulo de relaciones de poder e intereses de clase que tensionan, que la condicionan, acelerando o retrasando su dinámica propia, allí se destruye, se reconstruye o se restaura, es el campo de la batalla de las ideas. Ubicando esta noción particular sobre la transición colocamos el tema de la ley de costos y precios justos, que como instrumento jurídico posee su interés ideológico propio, determinando su grado de compromiso en la transición socialista.

El mercado es un instrumento capitalista que posee unas leyes universales, y éstas aun cuando no se encuentran plasmadas como norma constitucional de ningún estado moderno, son las reglas de juego dentro del gran universo especulativo al cual están sometidas todas las relaciones humanas, creando una conciencia acorde a tal juego macabro y perverso. Es por ende el principal enemigo a vencer.  

Pero aterricemos con claridad esta afirmación. 

Si un decreto presidencial promueve el aumento de salarios a los trabajadores, al día siguiente, se aumentan los costos de los principales bienes de consumo básico. Entonces: ¿Los trabajadores gozan del aumento general de su salario? Pues no! Son los empresarios quienes se apropian de tal aumento. Es ese juego enfermizo de la oferta y la demanda que consume y ahoga a nuestro pueblo.

De esta suerte de casino, surge la inflación, otro fenómeno económico hijo del capitalismo, pero que ante la opinión pública es colocado por los explotadores y sus lacayos, como logro del gobierno de Chávez, creando la falsa idea de que en Miraflores hubiese un botón que presionándolo aumentara o disminuyera el tamaño del globo inflacionario. Al no existir reglas que normen y regulen, alegando que el crecimiento y desarrollo es igual al de la naturaleza, el mercado actúa caótica y desordenadamente causando estragos, aumentando la gran brecha entre los que tienen y los que no.

Políticamente, buscando siempre la generación de descontento social, los empresarios acaparan, escondiendo sus productos, buscando así generar una sensación de miedo, zozobra  y extravío en la población, convirtiéndolos en presa de la rabia y rechazo a la iniciativa socialista.

Este es en grandes rasgos, el esfuerzo cotidianamente conspirativo, originado por el imperio de los estados unidos, con sus secuaces oligárquicos y sus empresarios.

Pero es necesario ubicar también, la serie de tensiones y contradicciones internas dentro de las fuerzas revolucionarias que buscan acelerar, detener o frenar el ritmo de la transición hacia al socialismo.

La transición ha permitido justificar que los reformistas, defensores de los intereses restauradores y la ideología pequeño burguesa, se aniden en las fuerzas que buscan acelerar la  transición, planteando desvíos y atajos, entrando en la contienda intracapitalista utilizando las reglas de juego del imperio mercado, proponiendo modelos económicos que finalmente conceden campo al enemigo capitalista, pues sus acciones son paliativos, correctivos superficiales que no van al fondo del problema, y atemorizados por la construcción socialista, buscan afianzar el estimulo material en la conciencia del pueblo, y fomentan, paralelamente, una excesiva importación dependiente y esclavizante a los mercados internacionales, o promueven el modelo de sustitución de importaciones manteniendo intactas las relaciones de producción capitalista, pero bajo el tutelaje del estado actual corporativo y rentista, es decir, se legitima la conciliación en el terreno capitalista, para crear las condiciones hacia el socialismo.

Bajo esta premisa la transición al socialismo podría tardar unos cuantos siglos, como si la humanidad tuviese tanto tiempo como para esperar más.

Nuestro Salvador Allende y Chile revolucionaria son un espejo, la pequeña burguesía y el reformismo hegemonizaron la conducción de la revolución, obligándola incluso a retroceder en sus medidas, y allí esta el resultado. Una lamentable derrota, y la instauración del fascismo de Pinochet. 

La ley de costos y precios justos, recientemente aprobada en nuestra Venezuela, es el resultado de esa tensión revolución – pequeña burguesía en la transición hacia el socialismo, pues ésta ley podría interpretarse como un instrumento jurídico, que regule y estandarice los costos, estableciendo un precio justo, enfrentándose a la especulación, y derrotando al acaparamiento que somete a nuestro pueblo, pero librando una contienda dentro de la lógica del casino capitalista. Obligando al mercado a ser mas justo y misericorde, obviando que, este se mimetiza y se reordena como el virus de una computadora, pudiendo conciliar en algunas reivindicaciones o migajas, pero nunca jamás negociando su existencia misma. 

Es por ello que, en aras de alimentar el debate, colocamos una justa interrogante. ¿Podría ser esta ley un argumento pequeño burgués para frenar el paso de la transición socialista?  

Consideramos que debe crearse un plan nacional de industrialización y de producción, fundamentándose en la moral y la ética socialista, que garantice la real independencia frente a la importación, ya que los rubros que se regulen podrían ser acaparados y desaparecidos por el empresariado, sin importarle las sanciones establecidas por la ley de costos y precios justos, creando un desabastecimiento que le brinde excusas al reformismo de retroceder por que las condiciones no están dadas, acentuar la importación para satisfacer la demanda de la población, atenuando la lucha de clases y sepultando al socialismo. 

Las afirmaciones plasmadas en este documento, no pretenden convertirse en las líneas proféticas del pesimismo, pero en la actual situación de nuestra Venezuela, el mercado es un embrión del capital, y así lo tenga el estado, siempre tendrá la tendencia a cosificar y mercantilizar la vida y la conciencia. Gobierno socialista que no derrote al mercado progresivamente esta condenado a retroceder, y a aceptar las reglas impuestas por el capital, he allí la razón política e histórica de la transición, este no debe ser una excusa para letargo y la conciliación, por el contrario, la transición debe crear las condiciones para avanzar en la construcción del socialismo.

La transición no debe ser una excusa para sepultar las bases del socialismo, es necesario crear un plan de la transición socialista, trazar con claridad las estrategias y acciones dirigidas a avanzar en la lucha contra el capital, consideramos como premisa asumir el estimulo moral y espiritual, desde el legado inmortal del comandante Che, con el sistema presupuestario de financiamiento, la pedagogía del ejemplo y el espíritu de vanguardia.   

No hay mayor espacio de disputa, que no sea el campo de las ideas, quien triunfe en ese escenario de confrontación determinará en gran medida el curso de la revolución y el carácter de la transición. 

 




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